La boda de Alba Carrillo y
Feliciano López era una de esas que esperaba con ganas, la verdad sea
dicha, sin un motivo especial. Ella no me parece la mejor modelo del mundo y de
él tampoco puedo decir mucho porque no me gusta el tenis. Me llamaba la atención
la expectación que se había creado alrededor de sus tres vestidos de novia firmados por Rosa Clará y sobre cómo sería toda la organización ya que ella está
al frente de su propia empresa de bodas y eventos.
Anoche, justo antes de irme a dormir, salieron publicadas las
primeras imágenes. Quería haber compartido alguna en las redes como hago
siempre en estos casos, pero en cuanto vi dos o tres me dije: "Vete a la cama porque esto bien merece
un post“. Y aquí estoy, cambiando mi día de playa por intentar entender qué
le pasó a ésta chica por la cabeza (y a más de una invitada también) para
casarse de ésta guisa. A favor de
ella, tengo que decir que la propia Alba, ya había dado algunas pistas del
estilo de su vestido, había desvelado también que serían tres, etc... y quizá
eso (al menos es mi caso) haya hecho falsas esperanzas o grandes expectativas
que, a la hora de la verdad, en mi opinión, me dejaron un poco chof.
