Hace unas semanas haciendo unos recados, me encontré con un chino, que no un señor de China, sino un todo a 100 de los de toda la vida al que todavía no había entrado. Me llamó la atención la cantidad de artilugios que tenía dedicados a la repostería y sucumbí a los encantos de una pequeña cajita repleta de diminutas letritas.
Así que salí de la tienda decidida a pasarme la tarde haciendo galletas. Para ser la primera vez, he de decir que han quedado geniales no han quedado tan mal. Si tienes mano para la repostería, puedes probar a hacerlas de colores, con glasa o como se te ocurra. Empaquetadas en una bolsita de celofán o en una cajita son un detalle muy cuco para regalar en cualquier ocasión y por qué no, una forma muy económica de sorprender a tus invitados el día de la boda.
¿Queréis saber cómo las he hecho?